Dejando de entender

Pero hoy, entre tanta incertidumbre y nubes lúgubres, me cansé del lío. Y, en el lío, me encontré desnudo, caminando, escuchando el ruido de la rueda trasera de mi bici, sin pensar.

Si pienso, perezco. Perenne como la hoja de aquel árbol hecho de escamas de dragón, entre cohortes y corbatas de mal gusto. Juego a la pelota con el vecino. Juego al padel con el vecino. Juego a los besos con la vecina y muero en el intento de escalar la montaña. Mientras, recorro de nuevo el paisaje, con la mirada y el oído puesto frente al corredor que hago camino. Mientras me deslizo, logro dejar de entender. Sigue leyendo

Anabel 4.

Por aquellos días, era ya invierno en la cruel ciudad. Un invierno que no aparecía. Era invierno en las publicidades, en los locales de ropa. Era invierno hasta en nuestras mentes. Pero la ciudad no se enteraba, no le interesaba, de ahí su crueldad desinteresada. Será que el invierno resfría o que, de tanto resfrío, sentimos que estamos en invierno. Entre palmeras inexistentes estaba ya, Montserrat, tirado en su cama, sufriendo su falta de apetito para hacer. Cómo sufre. Sufre en serio. No disfruta de su sufrimiento, como tantas veces lo hizo. Cama gris, gris cama. Mente gris, gris mente. “Debe ser que tengo fiebre”, y traga una pastilla analgésica. Se echa a esperar que suceda algo que no tenga que suceder, para que de él salga algún impulso hacedor de cosas, más que el luchar contra su Amo con mayúscula, que lo latiga para que haga. Está haciendo, pero no haciendo lo que se supone. Y, ¿qué se supone? “Esto no pasa por inconformismo”, piensa Montserrat, “pasa por el supone” Sigue leyendo

Anabel 3.

Montaña, camino, hojas secas, árboles altos y flacos, casa con sobrepiso, techo de madera, gente, mucha gente, murmullos, charlas, una risa fuerte, atardecer, olor a humedad de viejo, olor a perfume, olor a niño, olor a menta y peperina, mate, mal aliento, dientes amarillos, ropa de domingo, luz por la ventana, vestido floreado. Montaña a lo lejos, camino de tierra entre los árboles, hojas secas por todos lados de un otoño multicolor que va entre el bordó o escarlata al más puro marrón chocolate o marrón de “el perro come mejor que yo”. Sigue leyendo

En los cafés de la ciudad.

En la estación de servicios, los autos cargando el brebaje negro que les da vida. Vamos controlando esa vida, respiro de muerte en el humo de un cigarrillo venido a menos. El señor mira el pulmotor, como quien no quiere la cosa, a través del vidrio que a veces es espejo (en cuanto a cómo lo enfoqués) y a veces es puerta (en cuanto lo atraviesen mientras estés enfocando). Despliega un cartel luminoso frente a su cara y escribe sobre el:

09:00 hs Turno con el odontólogo

10:00 hs Desayuno Sigue leyendo

Anabel 2.

Me acaricia de a poquito debajo de los omóplatos, los circula, los investiga y los rodea. Sus dedos escarban, buscan los tesoros del paleontólogo con la técnica del artista infante y me dibuja una mariposa, la borra; un perro, lo borra; un vaso, lo borra; una mona lisa, la borra, le deja la sonrisa, pero se la deja en su cara. El ambiente oscuro de la siesta con la ventana media cerrada y los aires de tormenta ayudan. Yo miro mis apuntes y estudio, miro a la puerta a mi derecha, en la esquina de la pieza revuelta, llena de instrumentos y papeles, y vuelvo a mi lectura. “Los gestaltistas comenzaron su investigación basándose en la problemática de los dedos que llegan a los lumbares”. No, no dice eso. De nuevo, Sigue leyendo

Charlando charlando.

Thelema

  • Odio tener fiebre… pero es hermoso… La fiebre es amarilla… no sé por qué.

Montserrat

  • Mmmm…

Thelema

  • Pero todos lo saben.

Montserrat

  • La fiebre no es amarilla, la fiebre es fuckingmente roja. Acordate que especular es el terreno práctico.

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Inconclusa Visión (sobre El arte y las ventanas) – invitado.

La ventana desencajada, fuera de angulo sin forma, sin sentido algo le falta…
La lluvia que, mansa y finita va pintando al mundo que toca del “otro color”. Color de nuevo; color de siempre
color de todas las veces nuevo, color de lluvia.
Y aunque se que nunca una lluvia se parece a otra, la de hoy esta particularmente incompleta, algo le falta…
Hace falta una linea que se vaya dibujando a medida que vayan mis ojos despertando, como un angel de penumbras,
como la antitesis de sombra frente a un mundo luminoso.
Hace falta tu silencio peligroso…
Necesito tu mirada profanando lo sagrado, tus besos salvandome en lo heretico, en lo pagano.
Y aunque la mia mirada se encuentre en la vereda con la lluvia resignada, no puedo dejar de contemplar lo incompleta
que se encuentra esta ventana…

Luis Ibarrola. Músico. Excelente escritor. Momentáneamente profesor de mi persona.

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