Aquello que se olvidó de decir.

No llovía, pero la temperatura estaba más baja de lo que pensaba para aquellos días demasiado calurosos para lo que mis padres llamaban “la época fría” antes conocida como invierno. Desde que en la tierra los polos habían cedido y el calor había arrasado los grandes árboles era raro pasar un invierno así, con un día de relativo frío. Me acosté en mi cápsula de descanso y escribí desde mi comunicador que se proyecto en la pared: “Buscar usuario conectado”. Se apareció un usuario anónimo cuyo color me indicaba que era mujer; así la charla comenzó.

– Buenas noches!!!
– Es de mañana por acá, ¿A donde estás?
– Es eso importante?
– Bueno, ya que lo pones así pregunto otra cosa. Q estas haciendo?
– Estoy acostado
– Ah si? Q estas haciendo acostado?
– Estoy escribiendome con una chica.
– Ah mira! y q onda la chica?
– Hermosa. Y muy divertida.
– Copado! Y te da bola?
– Eso creo. Va, no me preocupa tanto eso, porque yo disfruto mucho charlar cn ella. Y estar con ella. Pero si, creo que si.
– Mortal ^^
– Vos q haces?
– Todas las chances tenes entonces! Xq no estás esperando ningun resutado!
– Será.
– Yo también estoy tirada en la cama con mi gata, charlando con un chico.
– Y q tal el flaco.
– Uf! Estoy re tonta! No sabes como me cambia la cara cuando me escribe! Es re lindo, y tierno y gentil. Y misterioso…
– ¿Gentil? ¿Misterioso? Desarrolle.
– Ser gentil es ser detallista. El joven se acuerda de un montón de cosas que le cuento y es atento a los momentos, a los juegos de palabras, a las casualidades. Es una manera de escucharte, no se si se entiende señor profesor.
– Perfectamente. Continúe y disculpe si tardo en contestar el email.
– Y es misterioso. Viste, perdón… ¿vió cuando ve a través de los ojos de alguien y ves que hay un camino que se pierde hacia atrás? Hay otras personas que su caminito es corto, que no se preguntan el porque de las cosas. Justamente el otro día me dijo que si no fuera una persona sería un “porque”.
– Que afortunada que es, sobre todo de poder ver y disfrutar de esta persona tal cual es.
– Si, totalmente.
– Tengo que admitir, para ser justos, que esta chica con la que yo hablo me trae una tranquilidad y una paz terrible y es muy admirable por tantas cosas. También tiene un cariño por el mundo que es muy hermoso. Además de ser muy divertida es interesante, y de una dulzura muy sutil, suave. A veces es tan natural que para alguien como yo, acostumbrado a reconocer el mundo por sus problemas y sus efectos negativos es algo nuevo, ya sabe, ver con luz.
– Disculpe si tardo en contestar, a veces se corta el teléfono. Continuando, que bella persona y que bella experiencia me está contando. Yo no tengo tantas suerte. Estar con el es acercarme de nuevo al bosque, al bramar de los ciervos, a pisar la tierra y a oler la flor, pero a veces es tan inmenso y tan intenso todo que me escapo. Diga que me tiene paciencia, eso lo hace tres veces más hermoso a todo. Pero cada vez huyo un poco más cerca, su mirar me tranquiliza, tiene una mirada preciosa.
– La pregunta comienza a ser, ¿El sabe todo esto? ¿El sabe del bosque, de los ciervos, de las flores? ¿O es otro más que busca lo que no posee y sus anteojeras lo alejan de lo propio?.
– ¿Quién soy yo para responder semejante pregunta? ¿Quién sino el héroe reconoce su propio camino?
-No se, usted parece conocerlo. En mi caso, esta muchacha, si me deja contarle, me deja al desnudo, me acerca a lo olvidado, a lo íntimo, de alguna manera misteriosa autoriza mi existencia, en tanto me confirma que no estoy solo. Tiene una fortaleza de la que pareciera no se da cuenta de cuan potente es, y una capacidad de asombrar que siempre se renueva. Siguiendo con su analogía esta señorita tiene aire de una sacerdotisa, una maga, de aquella que dialoga con el lago y trae las piedras que le regala, los ejércitos la protegen.
– Yo estoy muy segura que sus pies transitan la grava correcta, que guarda en su morral una brújula perfecta y que aquello que lo impulsa es verdadero y auténtico. Los dioses le sonríen y protegen, puedo ver los regalos que le han brindado. ¿De que sirve que yo se lo señale? El tiene que reconocer su camino y honrarle con todos los honores – Cuando terminó de decir esto le puso leña al fuego que desde el centro iluminaba a ambos, al borde del bosque, donde aguardaban la mañana para que los reemplazaran otros de su grupo, sus espadas estaban cansadas.
– Es cierto. Que bello que cuente con la compañía de alguien que le hace tan bien.
– Se ve que ambos estamos bien acompañados. ¿Será que es momento de dar otro salto en la aventura? Uno que sea acompañado. Siempre aparecen las personas en el momento adecuado. – Cerro el sobre, le puso la estampilla y mirando al señor del correo preguntó cuanto le debía y lo envió.
– Su pregunta me hace recordar a una frase: “La vida como un comentario de otra cosa que no alcanzamos y que esta ahí, al alcance del salto que no damos” del querido Cortázar. Su pregunta es preciosa, pero es un comentario. Lo importante parece ser, juntar coraje la cantidad de tiempo que se requiera y saltar. Como cuando está en el río y espera que nadie te vea, entonces en ese instante saltas de la gran piedra.
– Hay preguntas que  no están hechas para ser respondidas.
– Querida,

¿A donde está este joven? Mi señorita esta viajando y creo que vuelve pronto. Me arrepiento de no haberle dicho algo antes que saliera en su viaje de negocios.

Yo.

– Compañero,

Como joven guerrero que es, está ocupado en batallas y búsquedas en tierras lejanas. Ansío su regreso pero disfruto de su ausencia, creo que regresará de un combate particularmente arduo. Con el tema de su señorita, ¿Habrá oportunidad de decírselo al regreso o será muy tarde?
¿Que es aquello que quiere decirle?

Con cariño.
-Amiga,

Yo creo que tendré tiempo de decírselo pero la ansiedad me gana a veces, debe ser la edad. Lo que quiero decirle es una de esas cosas que se cruzan por la mente y que uno descarta pero que vuelven constantemente recordando que eran importantes. Veo que le quiere jovencita, que bueno para usted. ¿Qué sabe su familia respecto de él?.

Mis mejores deseos.

– Amigo,

¿Ansiedad? Pero cuanto nos ayuda y empuja la juventud. Que sería de nosotros sin su arrebato.  Mi familia lo ha conocido pero no es oficial aún. Le mando los mejores deseos pero, de todas maneras, deseo saber exactamente que palabras le quiere decir, para conocerlas, para que usted las conozca también.

Ansío su respuesta.

– Querida,

Cierto que usted no me conoce y que nos hemos siempre escrito por carta. Tengo que confesarle que estoy avergonzado de no haber dicho mi edad. Estoy terminando esta vida joven, por eso el miedo de no alcanzar a decírselo cuando se fue, pero si no es en esta, será en la próxima vida.

– Querido,

¿Porqué la vergüenza? ¿Cuál es el problema con el paso de los años? ¿Qué enfermedad le aqueja que cree que morirá joven? Sus palabras resuella juventud. Seguramente ella retornará pronto a usted y podrá decirle aquello que ansía (Y que aún no me ha contado).

Hasta pronto.

– Para usted,

Ninguna enfermedad más que la edad, este ciclo se termina y empieza otro. Cuando comenzó esta charla era yo muy joven y ahora, con muchos años de vida sobre mi espalda, entre carta y carta, me entrego en mis aposentos a descansar. Tampoco se yo su edad. Le prometo que antes de partir le voy a decir aquello de lo que me arrepiento.

Espero su respuesta.

– Colega,

Me complace que solo sea el viaje del abuelo tiempo aquello que lo atormenta, puesto que el es misericordioso con los enamorados. Mi edad varía con los días. Hay momentos en donde los árboles están desnudos y mi espalda se inclina para besar el humilde sueño y los huesos se hacen frçagiles y poco flexibles. Otras mañanas los muslos firmes corren por el prado y las pecas cubren mi rostro. Temo que carezco y decreció en espiral mi edad tantas veces que mi edad real se ha vuelto borrosa pero es cierto que la vela se está consumiendo de este lado del mundo y casi no puedo ver lo que escribo, espero que esta no sea mi última carta. La hora del cuerpo ha pasado y es momento de retirarme también. Gracias por haberme acompañado a través de los siglos. Será un placer como siempre mi estimado. Voy a acostarme hasta que vengan a buscarme, la guerra recién comienza desde que nos vinimos a estas tierras del oeste. Le pido que me envíe aquel comentario que se guardó, aunque sea para que quede asentado en algún lado.

Hasta siempre.

– Gran amiga y compañera,

Ha sido hermoso compartir los días, los meses y el tiempo en su compañía. Más vale nos vemos del otro lado, yo la espero tomando el té, traiga usted la comida. También voy a taparme a esperar que me busquen. En este continente viejo las mentes que piensan diferente, que han ap0stado por existir también somos buscadas, por habernos atrevido a decir que pensamos diferente así que, con mi pistola bajo la almohada los espero.
Siendo honorable con mi palabra le voy a contar aquel comentario, que no es más que, el día que la conocí, mientras estábamos sentados charlando casi como por primera vez en una de estas cenas en el castillo del duque, una conversación grupal llamó nuestra atención y pude vernos juntos, como si encajáramos perfecto para la foto juntos, como si fuera una cuestión física de complementación de moléculas, como si hubiera sido una de esas nuevas piezas de los nuevos “autos” fabricadas para encajar y funcionar juntos. Si tuviera que resumirlo le diría que aquello que quería decirle era que yo sabía que no era la primera vez que nos veíamos, aunque la vez anterior hubiera sido en otro tiempo. Hasta nunca compañera, ahí me han tocado la puerta y debo responder. Ha sido un honor.

Corrió la sangre por el suelo de dos, tres y hasta cuatro soldados británicos que disparaban al insurrecto irlandés con el que me escribía desde nueva york, que había propuesto, en voz alta, que no querían monarquía, que las diferencias entre clases eran creadas culturalmente, que no se basan más que en una desigualdad imaginaria, que él no creía en partidos políticos sino en personas, y que había jugado su pellejo al fijarse en la hija de un aristócrata, que le reconoció y le quiso y por la que, al final de cuentas, mi compañero de charlas, tuvo el coraje de aferrarse a quien la vida le llamó a ser.

 

Julio Montserrat.

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