Nunca lei Hemingway.

Nunca lei Hemingway pero vi una película en la que un personaje actúa como si fuera él y me encantó. Hoy y ayer vuelven los presagios de muerte, una posesión interna que me quema y que quiero creer que a cualquiera le pasa, un monstruo del pasado, de las profundidades, oculto, de antaño, que sin querer despierta y hay que combatir. ¿Por qué hay que combatiro? Porque ya está aca, y someterse no es una opción para los que no somos cobardes (para los que no pretendemos serlo). Nadie sabe quien es, na Sigue leyendo

El bar

No se porqué, pero no puede ser otra que no sea ella.
No se porqué, pero aparece hasta en mis sueños.
No se porqué, pero en lugar de acercarme pareciera que me alejo,
que vuelvo al momento primigenio.
No se porqué, pero a mientras más me alejo de ella, más cerca me siento.
No se porqué, pero es su pelo el que veo al imaginar lugares y emociones.
No se porqué, pero es su rostro el que veo cuando estoy enojado.
No se porqué, pero me cuesta infringirla, no serle devoto, y me cuesta de todas maneras serlo.
No se porqué, pero tenemos leyes propias a las que me niego a cumplir, a pesar de amarlas.
No se porqué, porque no tiene sentido que así sea, que de repente sea así, una explosión que
va dejando lugar a la creación de un pequeño mundo de agua y tranquilidad, que se va enfriando y solidificando
para generar vida.
No se porqué, pero parece como si me hubiera despertado en otro mundo,
en el que sigo soñando verte a la cara en un bar de mala muerte,
de esos que hay en el centro con sillas de los ’80, con vidrios sucios aunque lavados,
con mesas para máximo 4 personas y servilletas que se transparentan con la grasa,
en el medio de la mesa, con la luz tenue, con la mesas pegadas al vidrio,
vernos directamente a los ojos, reír y desear que ese momento sea eterno,
No se porqué, pero a veces temo, a veces me equivoco por ese temor,
a veces no me dejo sentir estos sueños, a veces desconfío y un terrible frío me invade,
quiero salir corriendo y estrujarme en una esquina solo.
No se porqué, pero aunque este rodeado de tinieblas ese deseo, ese sueño sigue ahí, intacto,
esperando hacerse posible.
No se porqué, pero es con vos.
No se porqué, y tampoco se si quiero saberlo,
total en el momento en que la mesera traiga la cuenta, seguro que ahí me doy cuenta.

Psicofármacos

La vida es un ansiolítico. Internet es un ansiolítico, facebook lo es también, wordpress, los tipos psicológicos, la iglesia, los escritos, el cine, las series baratas y pirateadas llenas de efectos especiales. Todos ansiolíticos frente a lo inmenso, inconmensurable e incognocible del puto universo.

O es, o no es. Si es es porque es y si no es es porque no es. ENCIMA no solo esto, sino que si es puede ser que sea ahora pero en minutos no, y si no es puede ser que ahora no sea y en minutos si.

Todo lo demás ansiolítico para calmar esta certeza y no pensarla tanto. Porque si la pensáramos automáticamente llegamos a que ni siquiera son las únicas dos opciones, puede ser, o puede ser parecido, o más o menos similar, o puede parecer pero no ser, o puede ser pero no parecer, o ser de otro color, o tener otro olor. Pura incertidumbre, incertidumbre excepto el arte. El arte es siempre. Hasta cuando no es, es.

La televisión quedo desplazada por el internet. ¿El internet mañana porque otro dispositivo será desplazado?

En un papel sucio sigo ensayando respuestas y fórmulas, quizás la ciencia, quizás la matemática, quizás la lógica, quizás la filosofía, quizás la religión. Por unos instantes la fórmula me da un resultado correcto y ahí mismo noto el error, la existencia del error que hace imposible la fórmula. Amarillento miro el papel, que sobre el suelo tiene manchas de las que soy culpable por haber apoyado la palma mientras escribía con lapicera bic trazo fino. Hago sellos con mis líneas de las manos. Fantástico.

El problema con los ansiolíticos viene a ser que siempre, siempre, vas a tener que aumentar la dosis, hasta que te des asco a vos mismo y o te mueras, o cambies por otro (o quien sabe que otros “ser” posibles). Y al rato vuelta al ensayo y al error.

¿Qué hago? ¿Niego el sufrimiento subyacente con risas inventadas? ¿Invento risas para ver si por ahí no hay error? ¿Vivo el sufrimiento para amarlo y trascenderlo, como el astronauta que viajaba a la luna y se escuchó un goteo todo el camino? Lo escuchó hasta que lo amó y entonces, el sonido repetitivo desapareció pero para eso tuvo que entregarse. Cualquier camino es válido dicen, otros dicen que solo aquellos caminos que no son caminos, otros dicen que aquel camino que no vemos, todos dicen y uno acá, jugando y de repente te pasan la pelota y no haces el gol, o peor, lo haces, y ahí te das cuenta que estás jugando al fútbol, que sos de un equipo, que ganas plata, que te llamas de una manera, que a veces vas al baño.

Al final siempre se queda uno en el silencio eterno, contemplándose reflejado en lo que cree conocer, ya ni el desprecio tiene sentido, ni hablar del cariño, ni hablar de la bronca, ni hablar del hambre o del sueño. Ya ni máquina se puede ser, ni volver a la inocencia, ni siquiera dormir hasta que todo pase, tapado hasta la cabeza.

¿Y ahora? ¿Qué hago sin mis ansiolíticos?

Tuyo.

Escuché tus palabras y tus tonos de voz, escuché esos sonidos propios de tu timbre, los chasquidos de los dientes al cerrar la boca, la saliva, el tragar, las risas, todo en su justa medida: era una melodía, una escucha reducida de Shaffer.

Me acuerdo perfecto, porque fue hace un instante. Podía ver tu boca moviéndose cuando hablabas, sonriendo o poniéndote seria. Podía oler tu aliento y saborear tu boca, con ese gusto rosado, morado, un poco negro, espeso, dulzón pero no empalagoso. Pude sentir en tu tono de voz tu alegría, tu enojo después, tu felicidad verdadera, tu entusiasmo, hasta pude ver tus ojos entrecerrados, tu cabeza corrida hacia un costado y la mirada tierna cuando te alegraste por mí.

Todo sonido tuvo sentido en si mismo, me llevó a su fuente sonora y luego, esa fuente, simplemente se desvaneció y quedaste en 3D. Toda una performance. La vida es arte, o el arte es vida, y la filosofía es una pérdida de tiempo, y la poesía es una pantomima para darnos el espacio de sentirnos seguros y decir de forma escondida lo que nos pasa, nuestra subjetividad. ¿Qué esperanzas tengo de no recurrir a la palabra para expresar eso que siento? ¿Necesito la pantomima? Si y no y si y que me importa. Aún puedo olerte aunque eso sea absurdo.

Te ame en el segundo en que te reconocí al lado mío y yo tranquilo, Sigue leyendo

Las puertas.

Dominio del repertorio perceptual. Instrumento metodológico del abstraer humano. Entre tantas irreflexiones me coloco bajo el manto del universo, del cosmos, de la inconmensurable realidad imposible de tocar. La ansiedad, la angustia de dejarme atravesar por las flechas de lo irrefutable se golpean entre sí, son monstruos asustados de ser tocados por su propia intransigencia, por su propia singularidad, porque es a ellos mismos a quienes se temen. Mono volador, reflejado por tu pantalla de aluminio, lo irrefutable es momentáneo, lo irrefutable es relativo, relativo a. Es irrefutable ahora, acá, y ese ahora es tan amplio o tan diminuto como las estrellas. El olor que recuerdo, cargado de iniciativa, rugoso, un poco oscuro y rojo, granulado, con toques rosado, violeta, púrpura, huecos en el medio, sonido de amor libertario y autónomo abierto a una realidad no descubierta.

Así me encuentro, frente al todo, que se encuentra en lo ordinario, aquello a lo que estamos tan acostumbrados, tan amansados, cuyas explosiones de estímulos vienen desde todas partes. Del televisor, del celular, de la pantalla de la computadora, de los productos reproductores de música, del centro de la ciudad, de la ciudad misma, del ruido del silencio del campo, de lo acostumbrado que es un estímulo que nos ha cansado. Toda la energía dispuesta a reconocer lo perdido, perdido por creerlo nuestro para siempre, por solo haberlo tenido unos instantes. Por habernos cansado de su estímulo y habernos hecho niños caprichosos, por habernos acostumbrado a su estímulo en esta búsqueda de seguridad. ¿Qué esperanza queda?

Que paradójico, que aquello anhelable se encuentre en un viaje de descubrimiento en el Himalaya, y en la Plaza San Martín. En una meditación budista y esperando en una cola interminable del banco, esa cola que no soportamos esperar. Que paradójico que aquello a lo que nos acostumbremos en nuestro intento de calmar las ansiedades, del encuentro con el todo, con la seguridad uterina, sea exactamente lo que nos aleja de nuestro objetivo, o más que de nuestro objetivo (ya que esto contaría con un fin hacia donde nos dirigimos) con nuestro deseo más profundo, con el impulso vital que nos hace atravesar el aire. Buda meditó donde vivía, bajo el árbol que tenía cerca de su hogar. Es como si fueras a la plaza cerca de tu casa, o  las sierras, o a la “praia”. Todo esto parte de la necesidad de seguridad, de irnos fuera de lo conocido, de estos estímulos naturalizados y que no nos causan cosquillas y de “encontrarnos con nuestra soledad” para luego trasladar eso a nuestra “cotideaneidad”. Larguísimo viaje del héroe, adentrarse en territorio desconocido, viajar muy lejos, para luego volver, con la cabeza gacha diciendo “aquello que necesitaba no depende de un lugar físico, de un grupo de personas, de situaciones particulares, de nada que no tuviera ya”.
Estoy intentando no caer en la repetitiva frase “lo que uno siempre quiso está dentro de uno” justamente por esto de los estímulos que ya no nos estimulan lo suficiente. Podría reemplazarla: “Basta de películas de Hollywood my fellows, basta de teorías, basta de copiar estructuras, es tiempo de dialogar con estructuras”.

Queda la esperanza de volver a encontrarnos con la eternidad en un vaso de jugo tang. Nos queda la esperanza de, en la misma caminata de siempre, reencontrarnos con Dios, con los dioses. No es necesario lo espectacular, no es necesario lo extraordinario, no es “necesario”. ¿Qué tal si el próximo buda medita comprando milanesas en el supermercado de su barrio? ¿Porqué no? La disciplina de la mente, del cuerpo, del alma, el encuentro del humano con lo humano y lo eterno, está en todos lados y nos parece tan lejano, nos parece tener que subirnos a un bote que se encuentra del otro lado del continente cuando, está, en todo caso, en el teclado de tu computadora, en la pantalla de donde estás leyendo esto, maravilla tecnológica, solo hay que dialogar con el mundo, solo hay que dejar que el mundo vele por vos, que te encuentre, que te atraviese, mirar de otra manera, meta-mirar, meta-conocer, para que así la rutina sea el cambio constante, y el cambio constante rutina. ¿Para qué? Vos sabrás para que, estás leyendo esto.