Oraciones de la infancia

Mientras el clérigo caminaba sobre la lluvia, empapado, mirando al suelo, a las 21:30hs de un viernes, cerca del cabildo de la ciudad de Córdoba, chocó con otra persona y levantó la vista para pedir disculpas. El damnificado saco de su bolsillo una pistola robada a un policía muerto y, mientras sonreía, la apoyo sobre la sien del religioso pidiendole que le diera todo lo que tenía. Lo guardo en una mochila y lo saludo antes de irse. “Dios lo bendiga, Padre”.

Resulta que el padre, Antonio Dipiero, era un ferviente seguidor y entusiasta de los curas del tercer mundo, orden que abogaba por una actualización católica en este tipo de territorios. Entendió perfectamente al ladrón, pero por dentro rugía un fuego inmoral. Hacía poco lo habían hechado de su congregación y, además, había sido insultado por su padre por esto. Pensar que se hizo padre porque pensaba que no podría estudiar trabajo social: le habían dicho que eso no dejaba plata. En la congregación al menos no tenía que preocuparse por el dinero. ¿Y ahora? Le habían robado todo lo que tenía: un reloj que le regaló su amada sobrina, la billetera y un rosario de cuando fue ordenado. “Te felicito Antonio, tu vocación te va a dar las alas de los ángeles” le dijo su mentor cuando fue ordenado, dándole ese rosario. No podía más que pensar en que solo eran objetos, en que el ladrón lo hacía para sobrevivir en un mundo que lo marginaba, en el perdón. ¿Y si no era así? El ladrón reía, ¡incluso había hecho un chiste! Y él, impactado, le dio dos muestras de cariño de las dos personas que lo valoraban. ¿Podía ser más estúpido? De todas formas ¿qué veía en el su sobrina? Esa muchacha era lo más inteligente que se podía ser, sin dejar de lado su belleza, admirada por su novio que no solo era atento, sino fiel y compañero. ¿Y el? Abandono al amor de su vida en un intento por llenar los zapatos de la compasión, quedando miserable en la ciudad, y encima cabió recordar que la última entrada al cine que compartió con ella estaba en esa billetera. ¿Qué podría admirar su sobrina en el? ¿Y su mentor? Dedicado completamente a Dios, enviado a Jesuralém y luego al vaticano, con tres títulos, amigable, generoso, humilde. Y el ahí, odiando al ladrón. ¿Qué podría admirarle? Seguro que ambos le querían por compasión y cariño, como el con los vagabundo, esas personas no tenían futuro y aún así les mentía. Los que le querían ¿qué podrían admirarle? ¿qué podrían envidiarle? Quiso convertirse en un héroe para el mundo “miren, sacrifico mi vida por todos” y termina siendo hechado y robado por los que juró defender. Nadie lo aplaudió, nadie lo admiró, nadie nada, robado y hechado por ser un ratón inservible. Cualquiera podría ser el, ocupaba un lugar gris en el espectro. Cualquiera sería capaz de duplicar sus hazañas: 3ro en una carrera del secundario, título terciario de filosofía, soltero, cura, muy bueno haciendo fernet con coca. ¿Qué clase de mozaico del piso era?

El padre se arrodilló en el suelo mojado, llorando, sosteniendo su rostro entre sus manos. Quizo mirar al cielo pero no pudo. Quizo pedir ayudar, pero no pudo. Sollozando comenzó a decir, mientras se golpeaba el pecho: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”

El árbol de cerezas

– Son más de las 12 del mediodía, Percival.
– Hace 65 años que somos amigos y seguís llamándome igual, Rodolfo. Me parece que voy a empezar a cantarte la canción del Reno.- Bueno, bueno. Me callo entonces – Dijo Rodolfo, enojado, pero recupero rápido su sonrisa – Igual e Sigue leyendo

Me olvidé de como Creer en Dios

Me olvide como creer en Dios.

Si miro a la pared veo concreto, ladrillos, cemento, diagnósticos, peleas, color, pintura y gordos transpirados que cobran su trabajo muy caro. Dejé de distinguir entre dormir y pensar, entre vivir y disciplinarme, soy negruzco. Me olvidé de como regalarme una segunda taza de leche con chocolate y de como masticar despacio para sentir el gusto. Escribir se me da como tarea tediosa, como mover un telescopio. Si miro al hueco de mi ventana y pasa el aire, solo puedo pensar en pendientes: ropa para lavar, comida, zapatillas, hueco, vaso por lavar, tarea, pie, rascarme, ordenar, plata, plata, plata. Ya hasta cambiar las cosas de lugar en mi pieza o dormir son tareas que solo me satisfacen momentáneamente, parecen ese caramelo cuando llorábamos de chico que una madre cansada de intentar entenderno Sigue leyendo

El sendero a la montaña.

Se me había entregado la gran lanza. Yo, hijo de un simple granjero, con una lanza, me sentía tan cómodo como un toro en medio de un lago. Una amiga de la familia se me acercó, me llevó a mi pieza con la excusa de preguntarme algo acerca de mi trabajo en la granja y me dio dos esferas que, cuando las movías, hacía un sonido hermoso. Ambas azules y ambas con un gallo dibujado. Me dijo que el gallo simbolizaba el despertar, la llamada y que yo sabría cuando usarlas. Se fue, dejándome más preguntas que respuestas. Se me encargo, con esa lanza (me enteraría tarde), liderar un ejército que Sigue leyendo