Una Conferencia

– Doctores de la Asociación Histórica y Mitológica Mundial. Les traigo la verdad, la última palabra. En este enorme auditorio donde se han reunido todos los periodistas del entorno mundial, los políticos y demás representantes de la humanidad para escuchar de mi descubrimiento. Voy a empezar contando, a los que me estén escuchando por pura curiosidad que mis estudios sobre la mitología y la religión se han concentrado, aunque no exclusivamente…

Constantes flashes de fotógrafos. Cámaras de televisión, micrófonos, celulares y tablets. De fondo del orador el gran vidrio anti bala Sigue leyendo

Carta abierta. (Cuento)

Si te cuento esto es porque no puedo vivir de otra forma. De otra manera siento que te estaría mintiendo y no podemos permitirnos eso. Escuché una vez que toda relación humana debe abstenerse de ser honesta al extremo y estoy de acuerdo, pero aún así es honesta cada vez que te contesté que no podía hablar de eso (cuando me veías perdido en el vacío). He resuelto, tras largos debates, contarte una historia, una anécdota, que quizás pueda servirte de ejemplo de aquellas épocas en que, como un marino perdido en medio del mar car Sigue leyendo

Poema 67. Dejo de buscarte.

Dejo de buscarte.

Si descalzo gano tu ignorar,
en que mundo hay lugar.
¿Te engañan,
Sus virtudes?
En un rezo ojala me encuentres.

Julio Montserrat

Nostradamus en la Ciudad. (Thelema)

Nostradamus en la Ciudad.

Algo que pocos saben es que Nostradamus vive en la ciudad de Córdoba.
Tiene una modesta cabaña, en la terraza de un edificio, en Güemes. Pocas veces baja de ahí, y cuando lo hace es para insultar a los transeúntes que lo molestan con el ruido o para tirarle piedras a los autos y a las luces de los postes.
Pobre Nostradamus, la crisis lo afecta fuerte. Ciertamente es muy difícil ser un astrólogo en  la ciudad de Córdoba, donde rara vez se ve una estrella.
A veces, cuando encuentra una estrella solitaria recortada contra el cielo rojizo de la ciudad, predice lo que va a pasar algu Sigue leyendo

Anabel 5

Con Anabel, nos encantaba jugar a buscar el peor bar de la ciudad. En invierno, cuando hacía o comenzaba a hacer frío había o comenzaba a haber ciertas disputas. La principal ocurrencia era porque a ella le encantaba el frío, pero su forma de disfrutarlo era debajo de las sábanas y frazadas tejidas con cuadraditos de colores, que le encantaba tejer dándole formas divertidas, o que ella consideraba divertidas. En cambio, yo, prefería la cruel aventura de divagar por la ciudad aún de noche, sacando frío por la nariz y rezándole a quien tenga que rezarle para no morir congelado, quejándome de la tempestad arbitraria del clima y tocándome la nariz cada dos por tres Sigue leyendo

Dejando de entender

Pero hoy, entre tanta incertidumbre y nubes lúgubres, me cansé del lío. Y, en el lío, me encontré desnudo, caminando, escuchando el ruido de la rueda trasera de mi bici, sin pensar.

Si pienso, perezco. Perenne como la hoja de aquel árbol hecho de escamas de dragón, entre cohortes y corbatas de mal gusto. Juego a la pelota con el vecino. Juego al padel con el vecino. Juego a los besos con la vecina y muero en el intento de escalar la montaña. Mientras, recorro de nuevo el paisaje, con la mirada y el oído puesto frente al corredor que hago camino. Mientras me deslizo, logro dejar de entender. Sigue leyendo

En los cafés de la ciudad.

En la estación de servicios, los autos cargando el brebaje negro que les da vida. Vamos controlando esa vida, respiro de muerte en el humo de un cigarrillo venido a menos. El señor mira el pulmotor, como quien no quiere la cosa, a través del vidrio que a veces es espejo (en cuanto a cómo lo enfoqués) y a veces es puerta (en cuanto lo atraviesen mientras estés enfocando). Despliega un cartel luminoso frente a su cara y escribe sobre el:

09:00 hs Turno con el odontólogo

10:00 hs Desayuno Sigue leyendo