El sendero a la montaña.

Se me había entregado la gran lanza. Yo, hijo de un simple granjero, con una lanza, me sentía tan cómodo como un toro en medio de un lago. Una amiga de la familia se me acercó, me llevó a mi pieza con la excusa de preguntarme algo acerca de mi trabajo en la granja y me dio dos esferas que, cuando las movías, hacía un sonido hermoso. Ambas azules y ambas con un gallo dibujado. Me dijo que el gallo simbolizaba el despertar, la llamada y que yo sabría cuando usarlas. Se fue, dejándome más preguntas que respuestas. Se me encargo, con esa lanza (me enteraría tarde), liderar un ejército que Sigue leyendo

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